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La exploración clínica mamaria

Publicado el 10 de septiembre de 2014.

La exploración clínica mamaria

La exploración clínica mamaria consta de inspección (o visualización detallada) y palpación con la finalidad de descubrir alteraciones en las glándulas mamarias.

El estudio radiológico, exento de riesgos, puede aplicarse con dos finalidades. Por una parte, el estudio discriminativo de la glándula mamaria ante situaciones que la exploración clínica no ha esclarecido y con fines preventivos. Por otra, diagnóstico temprano en programas de cribado poblacional a partir de cierta edad.

Como complemento a la mamografía en algunas situaciones o como método diagnóstico en determinadas edades, rinde un gran servicio la ecografía mamaria.

1 de cada 8 mujeres padeceremos cáncer de mama a lo largo de nuestra vida, y gran parte de ellos tienen un componente hereditario. Gracias a la genética podemos estudiar si se tiene la predisposición y poder tomar medidas preventivas.

La Genética es una herramienta esencial para la Medicina debido a que un porcentaje considerable de los problemas de salud humanos tienen un componente hereditario. Cualquier enfermedad con base genética puede ser diagnosticada mediante técnicas de biología molecular.

La mayor parte de los cánceres de mama son cánceres esporádicos, es decir, no hay indicio de una susceptibilidad heredada a padecer la enfermedad. Pero existe una proporción, estimada en torno al 10%, donde aparece una predisposición hereditaria al cáncer. Un tercio de los cánceres de mama hereditario son debidos a mutaciones en BRCA1, otro tercio son debidos a mutaciones en BRCA2 y el resto debido a otros genes. Los cánceres de mama asociados a mutaciones en BRCA1 se presentan en la premenopausia (edad media 42 años) y la tasa de cáncer de mama contralateral a los cinco años es de un 30% aproximadamente en mujeres portadoras de la mutación en BRCA1. Las alteraciones en gen BRCA2 están vinculadas al cáncer de mama masculino.

A continuación destacamos algunas de las situaciones en las que es útil realizar este estudio:

  • Familias con un único caso de cáncer de mama:
Cáncer de mama primario bilateral antes de los 40 años.
Cáncer de mama antes de los 30 años.
Cáncer de mama y ovario en la misma paciente.
  • Familias con dos casos en familiares de primer grado:
Dos cánceres de mama diagnosticados, al menos uno antes de los 50 años ó bilateral. 
Dos o más casos de cáncer de ovario. 
Un cáncer de mama y un cáncer de ovario en dos familiares.
Un cáncer de mama en una mujer y un cáncer de mama en un varón.
  • Familias con tres o más casos afectados por cáncer de mama, al menos dos en familiares de primer grado (madres, hijas o hermanas ).

La prueba para determinar la afectación de una persona se puede realizar, preferiblemente, a través de una muestra de sangre.

Cuándo iniciar la detección, la frecuencia de realización de la prueba y el tiempo entre cribados son temas que siguen suscitando debate. Cuándo iniciar la detección del cáncer de mama, la frecuencia con la que se debe hacer la prueba y cuánto tiempo deben pasar entre los cribados son preguntas que siguen suscitando debate. Un nuevo estudio compara el número de muertes que podrían prevenirse como resultado de tres de las recomendaciones más discutidas para la mamografía de cribado, según la edición digital de “Cancer”, pueden proporcionar valiosa orientación a las mujeres ya sus médicos sobre la elección de un régimen de cribado.

Los investigadores, dirigidos por Elizabeth Kagan Arleo, de Weill Cornell Medicine y New York-Presbyterian, y R. Edward Hendrick, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado, en Estados Unidos, utilizaron modelos informáticos para estimar los posibles efectos de tres esquemas: exámenes anuales a partir de los 40 años, exámenes anuales entre los 45 y 54 años y luego revisión bienal de los 55 a 79 años y exámenes bienales entre los 50 y los 74 años.

Los investigadores calcularon cuántas muertes por cáncer de mama podrían prevenirse con los diferentes esquemas de cribado. El equipo encontró que la recomendación de un examen anual a partir de los 40 años de edad resultaría en la mayor reducción en las muertes específicas de cáncer de mama: una reducción de casi 40% en las muertes por cáncer de mama, en comparación con el 23 al 31% con otras recomendaciones.

“Nuestros hallazgos son importantes y novedosos porque es la primera vez que las tres recomendaciones más discutidas para la mamografía de cribado se han comparado cara a cara –subraya Arleo–. Nuestra investigación tendría un buen uso si, debido a nuestros hallazgos, las mujeres optaran por iniciar la mamografía anual de cribado a partir de los 40 años. A largo plazo, esto sería importante porque menos mujeres morirían de cáncer de mama”.

El modelado de los investigadores también consideró los riesgos asociados con el cribado, incluyendo que se les vuelva a llamar a las mujeres para realizarles imágenes adicionales y, en algunos casos, una biopsia con aguja, que pueden revelar la ausencia de cáncer de mama a pesar de un hallazgo sospechoso en una mamografía.

“Nuestros resultados muestran las diferencias en las tres recomendaciones actuales para la mamografía de cribado en términos de beneficios y riesgos. Las mujeres y sus médicos pueden utilizar estos resultados para guiar las opciones de cuándo una mujer comienza la mamografía de cribado y con qué frecuencia se somete a la detección”, dice Hendrick.


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